I know that my Redeemer lives

April 12, 2020
Bishop Michael Barber, SJ

I know that my Redeemer lives.

(Job 19:25)

I’ve been holding onto that verse these past weeks. When I feel afraid, it gives me comfort and strength. By saying my Redeemer lives, it means that no matter what happens to us or our country in these weeks, Christ has risen. He overcomes all pain, suffering and uncertainty. He doesn’t take it away, but He — and all those who are His disciples — will overcome.

What is the worst that can happen to us during this time? We could catch coronavirus and die. But is death the end? Not for those who believe in Christ and are baptized. I remember back to 1985, TWA Flight 847 was hijacked in Athens by terrorists. There were some U.S. soldiers and sailors among the passengers. They were beaten, and one of them, sailor Robert Stethem, was shot in the head, and his body dumped out of the plane onto the tarmac. A few weeks later at his funeral in the US, his brother, also a sailor, got up to speak. For as long as I live, I will never forget his words: “I know that if my brother were here today, he would want to say one thing. ‘That no matter what happens, God reigns.’ ” Although that sailor was mourning the loss of his brother, his faith — and his brother’s faith — was paramount.

I know that my Redeemer lives.

The next-worst thing that can happen to us in this crisis is losing our job. Then you can’t pay the rent, feed your family, pay your bills, etc. Even with unemployment insurance, there will be significant hardship. I’ve seen this situation handled in two basic ways. One, a person goes into a depression, resulting in inaction. I had a Commanding Officer in the Navy once. He had been a submarine captain, and then was C.O. of the Navy base where I was serving. The Navy decided it had too many senior officers, and thinned the ranks. Through no fault of his own, he was involuntarily retired. With full pension and benefits. He was in his early 50s. Rather than look for a job, he sat home and sulked. His wife went to work as a school librarian to help pay the bills. She was frustrated. He felt worthless, even though he had a distinguished Navy career. And his faith was not very strong. No prayer.

Another case. A young man recently graduated with a good business degree. Put in applications at all the usual accounting firms. Presented well on his interviews. Yet no job offers. Undeterred, he kept applying. Kept interviewing. Still no offers. Yet he didn’t give up. Went to daily Mass. Prayed that God would open a door for him. Trusted. Finally, being hungry and not having much money, he decided to have his lunch at a hospital cafeteria. He knew the food would be good and cheap. While dining, he struck up a conversation with a nurse at the table and revealed his situation. She told him that she didn’t know if the hospital needed another accountant, but they were looking to hire someone to work with mothers who were drug addicts and their newborn children. The fellow interviewed and was hired on the spot. Weeks later he said he felt so much more fulfilled helping take care of “crack babies” than if he were working in a business office. He trusted, and the Lord put him in the right place.

I know that my Redeemer lives.

Being a Christian does not mean we will have a life devoid of suffering. But it does mean that the Lord’s promises to us will be fulfilled. And the main promise is that He has overcome suffering and death. And He will lead all those who are joined to Him through baptism and the Eucharist to a Resurrection from the dead. And smaller resurrections here, during our earthly life.

I know that my Redeemer lives. And He will never let you down.

Readings: Easter Sunday of the Resurrection of the Lord


Mensaje de Pascua del Obispo Michael Barber

¡Yo sé que mi Redentor vive!

(Job 19:25)

He estado aferrado a ese verso estas últimas semanas. Cuando tengo miedo, me da consuelo y fortaleza. Al decir Mi Redentor Vive, significa que no importa lo que nos pase a nosotros o a nuestro país en estas semanas, Cristo ha resucitado. él supera todo dolor, sufrimiento e incertidumbre. él no lo quita, pero él, y todos aquellos que son Sus discípulos, vencerán.

¿Qué es lo peor que nos puede pasar durante este tiempo? Podríamos contraer el coronavirus y morir. ¿Pero acaso la muerte es el final? No, no es el fin para aquellos que creen en Cristo y son bautizados. Recuerdo que en el año 1985, el vuelo 847 de TWA fue secuestrado en Atenas por terroristas. Había algunos soldados y marineros estadounidenses entre los pasajeros. Fueron golpeados, y uno de ellos, el marinero Robert Stethem, recibió un disparo en la cabeza y su cuerpo fue arrojado del avión al asfalto. Unas semanas después, en su funeral en los Estados Unidos, su hermano, también marinero, se levantó para hablar. Mientras yo viva, nunca olvidaré sus palabras: “Sé que si mi hermano estuviera aquí hoy, querría decir una cosa. ‘Que pase lo que pase, Dios reina’ ”. Aunque ese marinero estaba de luto por la pérdida de su hermano, su fe — y la fe de su hermano — fue primordial.

¡Yo sé que mi Redentor vive!

La siguiente peor cosa que puede suceder en esta crisis es perder el trabajo. Entonces no podrán pagar su renta, alimentar a su familia, pagar sus deudas, etc.. Incluso con el seguro del desempleo, habrá dificultades considerables. He visto esta situación manejada de dos maneras básicas. Por un lado, una persona puede entrar en una depresión, lo que resulta en la falta de acción. Una vez tuve un comandante oficial al mando en la marina. Había sido un capitán de submarino, y luego fue ascendido a Comandante Oficial de la base de la Marina donde estaba sirviendo. La Marina decidió que tenía demasiados oficiales superiores y redujo los rangos. Por causas ajenas a su voluntad, este comandante fue retirado involuntariamente con pensión completa y prestaciones. Tenía poco más de 50 años. En lugar de buscar otro trabajo, se sentó en casa y se deprimió. Su esposa fue a trabajar como bibliotecaria de la escuela para ayudar a pagar sus deudas. Ella estaba frustrada. él se sentía inútil, a pesar de que tenía una carrera distinguida en la Marina. Y su fe no era muy fuerte y sin oración.

Por otro lado, un caso distinto. Un joven recién graduado con un buen título en negocios. Se fue a presentar solicitudes en todas las empresas de contabilidad habituales. Se presento muy bien en sus entrevistas de trabajo. Sin embargo, no le llegaban ofertas de trabajo. Sin desesperarse, siguió aplicando. Siguió entrevistando. Pero seguía sin recibir ofertas. Sin embargo, no se rindió. Fue diario a misa. Rezó para que Dios le abriera una puerta. El confió. Finalmente, como tenía hambre y no tenía mucho dinero, decidió almorzar en la cafetería de un hospital. Sabía que la comida sería buena y barata. Mientras comía, emprendió una conversación con una enfermera en la mesa y le compartió su situación. Ella le dijo que no sabía si el hospital necesitaba otro contador, pero que si estaban buscando a alguien para trabajar con madres que eran drogadictas y sus hijos recién nacidos. Fue entrevistado y contratado inmediatamente. Semanas después, dijo que se sentía mucho más satisfecho ayudando a cuidar a los “bebés adictos” que si estuviera trabajando en una oficina comercial. él confió, y el Señor lo puso en el lugar correcto.

Yo sé que mi Redentor vive!

Ser cristiano no significa que tendremos una vida sin sufrimiento. Pero sí significa que las promesas del Señor para nosotros se cumplirán. Y la promesa principal es que él ha vencido el sufrimiento y la muerte. Y guiará a todos los que se unen a él a través del bautismo y la Eucaristía a una resurrección de entre los muertos. Y pequeñas resurrecciones aquí, durante nuestra vida terrenal.

Yo sé que mi Redentor vive! Y nunca te defraudará.

Lecturas: Domingo de Pascua La Resurrección del Señor