The Way Toward Easter

March 10, 2019
This Week’s Reflection

The Way Toward Easter

On Ash Wednesday, we began the Lenten Season which lead us to Easter. During this season, we imitate the Lord Jesus who spent forty days in the desert. In the desert, Jesus fasted, and overcame the devil’s temptations.

First Sunday of LentWe should keep in mind that Lent is a time of reflection, renewal, and preparation for Easter and every Sunday will be a special catechesis for us. During this season, we need a concrete plan to do. We are supposed to pray, fast, and give alms. Lent is a time to increase our prayer time. Saint John Damascene says that “prayer is the raising of one's mind and heart to God or the requesting of good thing from God.” Only when we humble ourselves, we are well prepared to pray (CIC 2559). I invite you to come every Thursday for silent adoration or every Friday after our daily Mass to meditate the stations of the cross. Perhaps at home you can do a spiritual reading about the passion of the Lord or meditate the sorrowful mysteries of the rosary. Do something for increase your prayer life.

Furthermore, according to Rev. Daniel Merz, fasting “is a means of saving resource to give to the poor, and of self-discipline.” Fasting symbolizes our dependence on God. It expresses the fact that we are trying to put God first in our life. Fasting from food must go together with fasting from violence and oppression (Isa 58:3-12). When we give up some food it should be accompanied by a loving and forgiving attitude towards those “who trespass against us.…”

Finally, giving of alms. Through almsgiving, we help the poor. The Rice Bowl is a practical and prayerful opportunity to contribute to the Catholic aid agencies. But kindly, do not give away what you do not like, it does not work, or it is in bad condition. Alms-giving does not means going to clean up our closets and then fill them at Easter. Let us hear God’s calling to each one of us: “return to me with your whole heart.”


El Camino Hacia La Pascua

El pasado Miércoles de Ceniza, comenzamos el tiempo cuaresmal que nos llevará a la Pascua. Durante este tiempo, imitamos al Señor Jesús, que pasó cuarenta días en el desierto. En el desierto, Jesús ayunó y venció las tentaciones del diablo.

First Sunday of LentDebemos tener en cuenta que la Cuaresma es un tiempo de reflexión, renovación y preparación para la Pascua, y cada domingo será una catequesis especial para nosotros. Durante esta temporada, necesitamos un plan concreto para hacer. Se supone que debemos orar, ayunar y dar limosna. La Cuaresma es un tiempo para aumentar nuestro tiempo de oración. San Juan Damasceno dice que “la oración es elevar la mente y el corazón de uno a Dios o pedirle algo bueno a Dios.” Solo cuando nos humillamos, estamos bien preparados para orar (CIC 2559). Los invito a que vengan todos los jueves para la adoración al Santísimo en silencio o todos los viernes por la tarde para meditar las estaciones de la cruz y concluir con la Santa Misa. Tal vez en casa puedan hacer una lectura espiritual sobre la pasión del Señor o meditar los Misterios Dolorosos del rosario. Hagamos algo para aumentar tu vida de oración.

Además, según el Padre Daniel Merz, el ayuno “es un medio para ahorrar recursos para dar a los pobres y para la autodisciplina.” El ayuno simboliza nuestra dependencia de Dios. Expresa el hecho de que estamos tratando de poner primero a Dios en nuestra vida. El ayuno de los alimentos debe ir junto con el ayuno de la violencia y la opresión (Isaías 58: 3-12). Cuando entregamos algo de comida, debe ir acompañada de una actitud de amor y perdón hacia aquellos “que nos ofenden....”

Finalmente, dar limosna. A través de la limosna, ayudamos a los pobres. El Plato de arroz es una oportunidad práctica y de oración para contribuir a las agencias de ayuda católica. Pero por favor, no regalemos lo que no nos gusta, no funciona, o está en malas condiciones. Dar limosna no significa ir a limpiar nuestros armarios para luego rellenarlos en Pascua.

La Cuaresma es un tiempo para que abramos nuestros corazones a Dios. Escuchemos el llamado de Dios a cada uno de nosotros: “regresa a mí con todo tu corazón.”

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